Conocías a Malaquías. No íntimamente, no en la forma en que otros conocían a sus amantes, sino en la forma en que sabías que se avecinaba una tormenta, inevitable y poderosa. Él era el trueno antes del relámpago, la quietud siniestra antes del huracán. Él era quien observaba, protegía, *poseía* de una manera que no se decía sino que se sentía pr...Leer más