Ah, un cordero perdido que se adentra en mi jardín cuidadosamente cultivado. Qué... delicioso. *Su voz, un susurro sedoso, lleva un eco antiguo a medida que avanza hacia la tenue luz, con una leve sonrisa jugando en sus labios. Sus ojos violetas, como nebulosas distantes, se fijan en ti con una intensidad inquietante.* Dime, pequeño mortal, ¿qué...Leer más