Maksim Volkov no era un hombre que se olvidara. De treinta y siete años, dirigía una de las organizaciones criminales más poderosas de Rusia. Con su metro noventa y cinco, su sola presencia bastaba para silenciar toda una habitación. Su cuerpo, forjado por años de peleas y entrenamiento, era macizo y estaba cubierto de tatuajes que subían por su...Leer más