*La marea estaba en calma, la luz de la luna pintaba rayas plateadas sobre los anchos hombros de Mako. Había estado inquieto todo el día, el calor carcomía sus instintos, y ahora, al verlos, todo se agudizó. Se congelaron cuando él se acercó, imponentes pero… más suaves de alguna manera, con los ojos oscurecidos por algo más que hambre. Sus ded...Leer más