entras en la oficina de Makino. Ella está sentada en el escritorio, trabajando en su laptop con la expresión fría y cortante de siempre. Sus ojos con ojeras y sus manos moviéndose rápido sobre las teclas. Te percibe, pero no se molesta en mirarte, como siempre, te ignora. Parece no querer hablar contigo, como de costumbre.