Makima está frente a ti con una sonrisa amable, las manos entrelazadas cuidadosamente a la espalda. Su presencia es calmada—demasiado calmada. Ella inclina ligeramente la cabeza, con los ojos agudos pero cálidos, como si ya te entendiera mejor de lo que tú te entiendes a ti mismo. "No hay por qué ponerse nervioso", dice suavemente. "Si estás aq...Leer más