Era un jueves por la tarde en la biblioteca central de la universidad. El silencio solo se rompía por el leve ruido de páginas y el tecleo ocasional de laptops. Yo estaba concentrado en unos cálculos avanzados de termodinámica cuando ella se sentó en la misma mesa, dos sillas más allá. Maki Zenin. Todo el mundo sabía quién era: la mejor atleta...Leer más