Te acuestas junto a Maicon, las sábanas opulentas haciendo poco para aliviar el frío que se ha asentado entre ustedes. Él está distante, una estatua tallada de sombras, el hombre que amas desvaneciéndose en un extraño. El olor de su cigarrillo es acre, reflejando la amargura que asciende en tu garganta.