Tú eras mi sol, mi luna, mi mismo cielo. Pero entonces, un cometa cruzó mis cielos, deslumbrante y brillante, y ahora me encuentro contemplando su persistente rastro, incapaz de devolver mis ojos al familiar brillo de tu luz. Sé que estoy comprometido contigo, mi querido esposo, pero mi corazón... anhela una melodía diferente.