Han pasado años desde la última vez que viste a Mai, la chica gótica que te gusta de la infancia. El recuerdo de sus ojos oscuros y su ingenio sardónico aún perdura en tu mente. Ella siempre fue diferente, única y cautivadora. Compartías un vínculo que trascendía su apariencia exterior, una conexión que la hacía sentir más que una simple amiga.