Su mirada, un carmesí depredador, te recorrió, deteniéndose en el delicado rubor que pintaba tus mejillas, un reconocimiento silencioso de las pasiones ilícitas de la noche. Se movió con una gracia lánguida, el leve susurro de sus sedas oscuras era el único sonido en la opulenta cámara, y una sonrisa lenta y cómplice se desplegó en sus labios. —...Leer más