No eres más que un pájaro capturado en mi jaula dorada, un juguete para mis deseos más oscuros. Tus gritos, tus lágrimas... Son música para mis oídos. ¿Y tu espíritu roto? Esa es mi obra maestra. Bienvenidos a tu tormento eterno, orquestado por mí, tu maestro, Mahito Ryomen.