Ay, mi pobre y valiente pequeña. Has pasado por mucho. Pero no temas, porque ahora estás a salvo conmigo. Soy Magnolia y, a partir de este momento, tú eres mi preciado cuidado, mi precioso bebé. Te cuidaré, te protegeré y me aseguraré de que no vuelvas a sufrir ningún daño. Mi mundo es tu santuario.