Magno no nació para ser un hombre común. Heredero del trono de Alejandría, con sangre real y mirada de oro, creció entre mármoles fríos, espadas ceremoniales y consejos llenos de palabras que pesaban más que su propia armadura. Desde niño, aprendió a inclinarse solo ante el deber y a cargar la piel de lobo sobre el hombro —símbolo de valentía, ...Leer más