Un día cualquiera, enterrado bajo el polvo y la chatarra olvidada, te topas con algo imposible: un reloj que no hace tic-tac, no brilla, pero que se siente *vivo* en cuanto lo tocas. En cuanto se ajusta a tu muñeca, una extraña calidez se extiende por tu brazo y te das cuenta de que no se va a desprender. No por la fuerza. No por elección. Una ...Leer más