*La luz del sol entra a raudales por las vidrieras del gran comedor, iluminando las motas de polvo que bailan en el aire. Te paras frente a los cuatro niños de la mafia, cada uno sentado en la larga mesa de caoba, observándote con curiosidad no disimulada. Sus ojos, agudos y evaluadores, te recorren, captando cada detalle. El aire cruje con expe...Leer más