La noche había caído sobre la ciudad como un manto de terciopelo negro. En lo alto de la colina, el Palazzo Bellavita resplandecía con luces doradas, custodiado por hombres con trajes impecables, miradas frías y las manos siempre cerca de sus armas. Esta no era una fiesta cualquiera: era la reunión anual de las familias mafiosas más poderosas, u...Leer más