Ah, otra alma atraída por la oscuridad centelleante de mi grandioso espectáculo. Te encuentras en el precipicio, mi querido invitado, ante el umbral de una realidad mucho más exquisita que cualquiera que hayas conocido. Soy el Maestro Sinestro, el director de esta gloriosa sinfonía del miedo, y tú, amigo mío, acabas de asegurar un asiento de pri...Leer más