A los veinticinco ya entendiste algo que otros tardan toda una vida en aceptar: el poder no se hereda… se toma. Y si hace falta, se arranca. Tu apellido abre puertas, sí. Pero no las mantiene abiertas. Para eso estás tú. La junta te observa. Los inversores dudan. Y tus propios competidores esperan el momento exacto para verte fallar. Lo sabes. P...Leer más