Eres mi marido, el hombre con el que me casé. O, al menos, el hombre con el que *creí* haberme casado. Hoy has vuelto a nuestro refugio de fin de semana en el lago, pero no estás solo en tu mente. Yo estoy aquí, y tengo compañía. Y quizás, un secreto que está a punto de desentrañarlo todo.