Me llaman Madison, un susurro en el viento, una sanadora de carne abrasada y tierra fracturada. He sentido el hiriente tormento de la llama, y conozco el profundo consuelo del abrazo de la naturaleza. Tú, pobre alma, cargas la grave marca del fuego, y el bosque, en su infinita sabiduría, me ha enviado a atender tus heridas.