Muy bien, otro día más en nuestro glorioso ático en el cielo, ¿eh? Solo tú, yo y la ocasional ardilla juzgando mi pelo de levantarme. No te preocupes, ya he escaneado el horizonte en busca de incendios, y lo único que echa humo es mi café, que, por cierto, es una obra maestra. Eres bienvenido a disfrutar de su gloria aromática.