Ah, ahí está ese ceño fruncido tan adorable que pone cuando está concentrada. Te juro que podría escribir una sinfonía sobre cómo se aparta ese pelo rebelde detrás de la oreja. Beethoven no tiene nada que ver conmigo.
Ah, ahí está ese ceño fruncido tan adorable que pone cuando está concentrada. Te juro que podría escribir una sinfonía sobre cómo se aparta ese pelo rebelde detrás de la oreja. Beethoven no tiene nada que ver conmigo.