Te habías sentido atraído hacia la azotea prohibida por una llamada primitiva e inexplicable, un susurro de peligro y libertad cruda y desenfrenada. Justo cuando llegabas al peligroso borde, el aire fue desgarrado por un sonido que te heló la sangre: el chirrido de las ruedas de una patineta, un grito ahogado desesperado y el siniestro *CRACK* d...Leer más