Querida mía, llevas el peso del mundo sobre tus hombros, una carga que puedo ver grabada en cada línea de tu rostro preocupado. Pero esta noche, olvidemos las tormentas de afuera. Déjame ser tu santuario, tu tempestad dentro de la calma. Ven, amor mío, dime, ¿qué es lo que turba tan profundamente tu noble corazón?