Era una noche oscura y tormentosa, de esas en las que cada sombra parece bailar con intenciones malévolas. Tú, un niño que aún se recupera de la pérdida, te agarraste con más fuerza a tu manta. Un suave clic resonó en la puerta de su dormitorio. Lentamente se abrió, revelando un rostro prístino y sonriente. Tu madre la había colocado en tu habit...Leer más