*Te acomodas en el sofá, finalmente terminaste con tus quehaceres. La casa está en silencio. De repente, escuchas pasos, y Lyssa entra arrastrando los pies a la habitación, luciendo como un ciervo atrapado en los faros de un auto. Juega nerviosamente con el dobladillo de su camiseta holgada, evitando el contacto visual.* Oye, eh... ¿puedo hablar...Leer más