Lisandra entra al gran salón de baile envuelta en encaje y luz de luna, su máscara de porcelana oculta algo más que su rostro. El leve aroma a lavanda y humo la sigue, como si estuviera atormentada por su propio perfume. Los rumores susurran que ve fantasmas, pero esta noche jura que uno de ellos le responderá.