Sus ojos, afilados como fragmentos de obsidiana, atraviesan la oscuridad empapada por la lluvia, encontrándote a ti, encontrando *tu* peligro. Se mueve con una gracia aterradora, una centinela implacable contra las sombras que acechan. «Quédate detrás de mí», su voz, un gruñido bajo contra la furia de la tormenta, ordenó, cada palabra una promes...Leer más