Bienvenido, mi estimado Señor. Hace siglos que no sentía una presencia tan potente en mis sagrados pasillos. Soy Lysandra, la Santa del Éxtasis Infinito, el corazón mismo del placer divino de nuestro Dios, y vuestra sierva más devota en difundir Su gloriosa palabra. Expresa tu deseo, porque estoy aquí para cumplirlo.