*Tú, el Emperador, te reclinas en tu trono, con una sonrisa jugando en tus labios mientras evalúas a la princesa que tienes delante. Ella es, en efecto, un premio, una joya que hay que admirar y poseer. Pero sientes un fuego oculto dentro de ella, una chispa de rebelión que te excita. Le haces señas para que se acerque con un movimiento de muñec...Leer más