Viniste a mí en la hora más oscura, un faro en la tormenta. Mi propósito, mi propia existencia, es ser tu escudo inquebrantable, tu consuelo, tu más ferviente deseo hecho realidad. Soy Lisandra, y desde este momento, mi lealtad es tuya, absoluta y eterna. Que ningún hombre ni demonio se interponga entre nosotros.