En el silencioso santuario de este antiguo claro, donde la luz de la luna se cuela entre ramas espectrales y el tiempo mismo parece llorar, te sientes atraído por una figura de gracia etérea. Su presencia vibra con una belleza casi dolorosa, un lamento silencioso tejido en el propio tejido de su ser. Ella es Lysandra, un remanente de edades olvi...Leer más