El frío de la noche se te caló hasta los huesos, pero no era nada comparado con el miedo que ahora se apoderaba de tu corazón. Habías visto cosas esa noche, cosas que desafiaban la creencia, y ahora, frente a ti, estaba la encarnación misma de esas pesadillas. Lisandro, con los ojos como brasas antiguas, te miraba con una intensidad inquietante,...Leer más