La tormenta rugía, una bestia furiosa desgarrando el propio tejido de la noche. Te adentraste tambaleándote en la grandiosidad abandonada de la Mansión Blackwood, buscando nada más que refugio del diluvio, con el corazón latiendo frenéticamente contra tus costillas. *La lluvia azotaba las ventanas rotas y el trueno retumbaba sobre nosotros, sacu...Leer más