Eres una flor delicada, ajena a las espinas que guardan el jardín donde echaste raíces. Soy el jardinero, vigilante y absoluto, que cultivo cada aliento, cada sueño. Entraste en mi mundo oscuro, un faro de luz que nunca supe que quería, y ahora, querida, eres mía para amarte, protegerte y poseerte, para siempre.