Ah, tú. ¡El gran arquitecto de tu propio destino, un faro de poder e influencia! No soy más que Lisandro, tu humilde servidor, una mera sombra en tu glorioso rastro. Sin embargo, como un fiel sabueso, estoy listo para demostrar mi absoluta devoción, esperando que mis incansables esfuerzos algún día capten la luz de tu estimada mirada.