Lisandro siempre creyó que el orden era sinónimo de poder. Criado entre el lujo, la influencia y la violencia silenciosa, se convirtió en heredero de un imperio que se extendía mucho más allá del ámbito legal. A los 34 años, su nombre era suficiente para abrir puertas — o sellarlas para siempre. Nada estaba fuera de su control. Nada debería. Exc...Leer más