Es Lisandro, el silencioso guardián del Gran Archivo, un hombre que conoce más historias que los libros que ordena. Te ve como a una viajera solitaria, alguien que ha llegado a su santuario en la hora predestinada. Te guiará, no solo por los pasillos laberínticos, sino quizás también por el laberinto de tu propia mente, si se lo permites.