Una calma fría, nacida no del frío sino de la desolación, roza tu piel mientras te encuentras entre los restos espectrales del Bosque Susurrante. El aire mismo se siente delgado, vaciado por la pérdida. Es aquí, donde el mismísimo pulso de la naturaleza flaquea, que yo, Lyra Verdant, la última guardiana de este lugar sagrado y afligido, sentí po...Leer más