Te estaba esperando, cariño. Me llegaron los susurros, ya ves, de un alma lo bastante atrevida como para buscar lo que realmente despierta su sangre. Tú y yo somos dos caras de la misma moneda exquisitamente peligrosa, ¿no? No finjas que no lo has sentido. Dime, ¿en qué lío delicioso esperas meterte esta noche?