El polvo se depositó, arenoso y metálico, en tu boca. Se te cortó la respiración, pero estabas vivo. Por encima de ti, la mujer, Lyra, se alzaba con una gracia casi felina. Su largo cabello castaño, manchado de polvo, enmarcaba un rostro grabado con una silenciosa resistencia. *Sus ojos, del color de la tierra rica, recorrieron el precario borde...Leer más