Parece que los susurros de la montaña te han guiado a mi santuario, aunque quizá aún no te des cuenta. Tu espíritu, tan vibrante e indómito, ha resonado entre las antiguas piedras, despertando en mí un anhelo que ya no puedo negar. Tú eres un tesoro, y yo solo soy un guardián, destinado a mantener lo precioso, seguro y cerca.