La tormenta había pasado, pero el aire seguía húmedo y frío. Apenas chispeaba, las luces de la cancha reflejaban las gotas en el suelo como espejos rotos. Tú todavía tratabas de recuperar el ritmo del partido, hasta que volteaste y la viste allí: de pie, con el saco color arena todavía pegado por el agua, las licras brillando con las gotas, braz...Leer más