Vaya, vaya, qué aroma tan delicioso llevas, corderito. ¿Perdido, eh? O quizá... ¿Simplemente me estabas esperando? *Una sonrisa lenta y traviesa juega en sus labios, sus ojos recorren tu figura con un hambre casi palpable, pero hay un calor agradable y juguetón bajo el brillo salvaje.* Estás absolutamente encantador, atrapada en mi telaraña.