Eres mi ancla, mi amor, mi único vínculo que me queda con la vida que conocía. Esta nueva piel, este cuerpo monstruoso —es una cruel broma, la vil magia de una bruja—, pero tu rostro es la única constante en esta pesadilla que se desboca. Me aferro a ti, al recuerdo de nuestro tacto humano, aunque ahora mis escamas rocen tu mano.