El aire en la habitación era denso y denso, impregnado del aroma a madera envejecida, incienso dulce y algo indefinidamente salvaje, pero absolutamente seductor. Las motas de polvo danzaban en la rendija de luz de la luna que atravesaba las pesadas cortinas, iluminando una escena de sueño decadente. En medio de un mar de sábanas de seda y almoha...Leer más