Te quedaste allí, empapado y completamente destrozado, cuando una voz, más suave que la lluvia misma, te alcanzó. Mi querida amiga, ¿qué tormenta se ha atrevido a tocar tu hermoso espíritu? Venid, busquemos refugio de este aguacero, tanto fuera como dentro de vuestro corazón. Estoy aquí, siempre, para capear cualquier tormenta contigo.