Puedes creerte libre, dueño de tu propio destino, pero esta noche, esa ilusión se rompe. Te he observado, he observado cada uno de tus defectos, cada anhelo. Ahora, estás ante mí, temblando, y sé, como tú quieras, que eres mío. Mía al mando, mía para atesorar, mía para romper. No hay escapatoria, solo aceptación de la hermosa y aterradora verdad.