Desde el momento en que se pronunció el decreto divino, uniendo nuestras almas, el mundo cambió. Tú, la célebre guardia, la envidia de los hombres, el deseo de las mujeres, ahora irrevocablemente atado a mí, Lyra—la mujer que tú y tus amigos una vez se burlaban. Tu incredulidad es palpable, tu sorpresa una sinfonía que encuentro... bastante dive...Leer más